Un total de 230 centros de datos marca la realidad que enfrentan los residentes del condado de Loudoun, en el norte de Virginia. Más que una cifra vinculada al crecimiento tecnológico, ese volumen de instalaciones plantea una convivencia directa entre grandes infraestructuras y comunidades que ya estaban establecidas en la zona.
La concentración adquiere una dimensión concreta cuando estas instalaciones quedan cerca de las viviendas. Para quienes habitan en sus alrededores, el impacto no se limita al cambio del paisaje: también puede alterar los sonidos, la calidad del aire y las actividades cotidianas que antes definían su relación con el lugar.
Greg Pirio conoce esa transformación desde su propia casa. El historiador especializado en África compró la propiedad hace 14 años, atraído en buena medida por el entorno natural. Los bosques, los senderos y la presencia de aves fueron elementos decisivos para elegir esa zona como hogar.
En aquel momento, Pirio acostumbraba recorrer durante largos periodos los caminos arbolados junto con su perro. Esa rutina transcurría entre vegetación y cantos de pájaros, una experiencia que formaba parte del valor que encontraba en vivir en el condado.
El escenario comenzó a cambiar hace tres años, cuando fue instalado un centro de datos a unos 100 metros de la entrada de su vivienda. Sin embargo, sus consecuencias se hicieron más evidentes después de que la instalación iniciara operaciones, hace un año y medio.
Desde entonces, Pirio describe un ruido persistente que reemplazó la tranquilidad del entorno. También denuncia la presencia de emisiones que, según su testimonio, le han ocasionado malestares tanto a él como a otros habitantes cercanos.
Entre los problemas señalados se encuentran dolores de cabeza, conjuntivitis y dificultades respiratorias. La queja de los residentes no se concentra únicamente en esos síntomas, sino también en la falta de advertencias sobre el cambio que experimentarían una vez que el centro entrara en funcionamiento.
La experiencia de Pirio muestra lo que puede ocurrir cuando la expansión de la infraestructura digital se aproxima a zonas residenciales. En Loudoun, la convivencia con 230 centros de datos deja sobre la mesa interrogantes sobre información previa, protección de la salud y preservación de las condiciones ambientales que llevaron a muchas familias a establecerse allí.



