El tercer trimestre dejó a Estados Unidos con dos señales opuestas sobre la mesa: una expansión de 3,4% que superó lo previsto por los analistas y una inflación de 3,6% que mantiene la presión sobre los hogares pese a seguir contenida por debajo de 4%.
El dato de actividad sorprendió al consenso de MarketWatch, que calculaba un avance de 3,1% interanual, y marcó una aceleración clara frente al 2,2% registrado en el segundo trimestre. La Oficina de Análisis Económico atribuyó el repunte a la fortaleza de la inversión privada, al mayor gasto de los consumidores y al aumento del gasto público, un impulso conjunto que logró imponerse pese al retroceso de las exportaciones durante el periodo.
En paralelo, el índice de precios del gasto en consumo personal, la referencia que la Reserva Federal observa con más atención porque abarca una canasta más amplia que el índice de precios al consumidor, se ubicó en 3,6% interanual en septiembre. El registro quedó apenas por debajo de lo anticipado por los especialistas y mostró un alza mensual de 0,5%, en línea con lo esperado, lo que confirma un escenario de estabilidad relativa fuera del componente energético.
Los números respaldan el mensaje de fortaleza económica defendido por el presidente Donald Trump, quien en los últimos meses había subrayado el dinamismo de la actividad y el alivio que representaban los bajos precios de los combustibles. Antes de la escalada bélica en Medio Oriente, el galón de gasolina regular se vendía en torno a los 2 dólares en promedio nacional y se conseguía incluso por debajo de esa marca en unos nueve estados, un nivel que había dado oxígeno a conductores y transportistas.
Ese panorama cambió con rapidez en los surtidores. Datos del club automovilístico AAA muestran que los conductores pagan ahora en promedio 42% más por la gasolina regular, un salto que se siente en cada desplazamiento y en los costos de traslado de mercancías. El encarecimiento no se limita al tanque: el costo de los bienes y servicios energéticos es hoy 21,3% más elevado, después de la pronunciada caída que se había logrado durante 2025.
Los adversarios políticos del mandatario han intentado usar el repunte en las estaciones de servicio y el avance de la inflación para poner en duda su manejo económico, pese a que el crecimiento supera las proyecciones y a que la inflación general permanece bajo control si se excluye el choque externo. El debate público, así, combina el reconocimiento de una actividad sólida con la inquietud inmediata por el precio de llenar el tanque.
Detrás de esa presión está el impacto global del conflicto armado que Estados Unidos e Israel libran contra la dictadura teocrática de Irán, una confrontación que elevó los precios internacionales de la energía. La guerra interrumpió la tendencia a la baja que había marcado el año anterior y trasladó al mercado interno estadounidense un aumento que hoy explica gran parte del malestar en los precios, aun cuando el resto de la economía mantiene un ritmo firme.



