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Tecnología

Un aparato con inteligencia artificial y láser contra mosquitos aguarda certificación para uso en hogares

La comercialización de equipos láser destinados a viviendas está sometida a controles previos en Estados Unidos y Europa.

Un aparato con inteligencia artificial y láser contra mosquitos aguarda certificación para uso en hogares

La comercialización de equipos láser destinados a viviendas está sometida a controles previos en Estados Unidos y Europa. La referencia principal es la norma IEC 60825-1, que fija las condiciones para clasificar los productos con emisión de luz concentrada y limitar el peligro para las personas. Sin ese aval, ningún fabricante puede presentar su propuesta como una herramienta preparada para la vida diaria dentro de casa.

Esa exigencia es especialmente estricta cuando se trata de un láser de clase 4, la categoría asignada al sistema en cuestión. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos advierte que la exposición directa o reflejada a este tipo de emisión puede provocar lesiones graves en los ojos y en la piel. Por esa razón, los antecedentes regulatorios pesan tanto como la novedad tecnológica a la hora de evaluar su llegada al mercado.

En ese marco, la propia documentación de Photon Matrix Lab reconoce que el cumplimiento de la norma todavía se encuentra en trámite. Tampoco se han completado las certificaciones CE y FCC ni el registro correspondiente ante la FDA. La empresa afirma que incorporó sensores LiDAR y radares para impedir activaciones hacia personas, animales domésticos y superficies reflectantes, pero esos resguardos aún deben ser validados por las instancias competentes.

El hecho central es que esa compañía creó un aparato de unos 20 por 10 por 10 centímetros y hasta 1,5 kilogramos capaz de localizar mosquitos en el aire y abatirlos con luz. La variante Pro distingue blancos de entre 2 y 20 milímetros a un máximo de seis metros y cubre un ángulo de 90 grados. Está pensado para operar de día y de noche, en interiores o exteriores, siempre que permanezca en un lugar estable y resguardado de la lluvia.

El sistema combina sensores LiDAR, radares de ondas milimétricas, cámaras y algoritmos de inteligencia artificial que examinan el entorno de forma continua. Cuando registra algo en movimiento, el programa analiza tamaño, velocidad y trayectoria para decidir si se trata de un insecto que puede neutralizar. Después, un conjunto óptico orientado por galvanómetros apunta hacia las alas y lanza el pulso que provoca la caída. Los impulsores hablan de un reconocimiento en alrededor de 0,003 segundos y de una capacidad teórica de hasta 30 derribos por segundo, cifras provenientes de ensayos internos sin comprobación independiente. La versión avanzada está configurada para blancos que se desplacen hasta un metro por segundo.

El equipo puede alimentarse de la red eléctrica o de baterías portátiles, lo que permite moverlo entre habitaciones, salas, terrazas y otros sitios donde suelen concentrarse estos insectos. Incluye soportes para fijarlo a paredes y una aplicación para teléfonos desde la cual se administran sus funciones, además de actualizaciones previstas de firmware para afinar su desempeño. Se plantea como sustituto de aerosoles, repelentes y trampas tradicionales porque no emplea compuestos químicos y automatiza una tarea habitualmente manual. La edición Pro se ofrece en preventa por 1.000 dólares, con despacho internacional e impuestos incluidos, y la firma calcula los envíos a partir de los 120 días posteriores a la compra.

La consecuencia inmediata es que su incorporación a los hogares dependerá de que supere las pruebas de seguridad pendientes. La idea de combatir picaduras mediante detección automatizada y luz resulta llamativa frente a los métodos habituales. Sin embargo, antes de transformarse en un objeto de uso común deberá demostrar que puede funcionar sin poner en riesgo a quienes convivan con él.

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