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Cuba

Dictadura cubana culpa a las baterías de los hogares por el apagón masivo en Matanzas

Más de 15.000 personas permanecen sin electricidad en Matanzas por 162 transformadores dañados que mantienen fuera de servicio a 5.687 conexiones.

Dictadura cubana culpa a las baterías de los hogares por el apagón masivo en Matanzas

Los apagones prolongados en Cuba alcanzan hasta 20 horas, complicando la conservación de alimentos y la vida diaria de millones de residentes (AP)

Más de 15.000 personas permanecen sin electricidad en Matanzas por 162 transformadores dañados que mantienen fuera de servicio a 5.687 conexiones. La magnitud revela un colapso que ya no se mide en apagones de horas, sino en barrios enteros desconectados durante semanas y meses. Con un promedio de tres habitantes por vivienda, cada equipo quemado multiplica el impacto sobre familias que dependen de un sistema incapaz de responder.

Del total de equipos averiados, 37 son de 19.000 kVA, 116 de 7.620 kVA y nueve de 2.400 kVA, una avería masiva que la dictadura cubana no logra reponer. En zonas donde los cortes superan las 24 horas, los vecinos aprovechan los minutos en que regresa la corriente para cocinar, lavar, enfriar alimentos y recargar lámparas. Esa concentración no es un lujo, sino la supervivencia mínima bajo un sistema eléctrico destruido por años sin inversión ni mantenimiento.

En medio de esa emergencia, el director de la Empresa Eléctrica Provincial de Matanzas, Alejandro Rodríguez Azpeitía, señaló a las familias y a sus baterías portátiles como responsables parciales del desastre. Aseguró que entre tres y cuatro transformadores quedan fuera de servicio cada día en la provincia y mencionó tormentas recientes y sobrecarga. Según su versión, los ecoflows que los hogares usan para alumbrarse durante los apagones elevan la demanda justo cuando vuelve la luz.

El funcionario explicó que un ecoflow tarda unos 40 minutos en cargarse y consume alrededor de 1.200 vatios en ese lapso. Calculó que diez aparatos conectados en un mismo barrio añaden cerca de 12 kilovatios a un transformador diseñado para 50 kilovatios, casi 20% de su capacidad. También apuntó al traslado de consumos de negocios hacia transformadores con suministro y al aumento de las motorinas eléctricas como factores que presionan una red ya deteriorada.

La propia dictadura cubana admite que no tiene con qué sustituir los equipos. La fábrica de transformadores está prácticamente paralizada por falta de aceite y desde hace unos 15 días no llega ningún equipo nuevo a Matanzas. La empresa dice repartir los disponibles por antigüedad de la avería y afirma que los últimos 16 se enviaron a zonas con más viviendas, priorizando casos de 50 hogares sobre otros de diez. Un transformador junto a la zona industrial espera reemplazo desde el 23 de julio y deja a 70 viviendas sin servicio, mientras el siguiente pendiente data del 3 de agosto.

A la escasez se suma el robo de aceite dieléctrico de transformadores en funcionamiento, una sustancia que algunos cubanos usan como combustible y que la dictadura persigue con procesos penales por sabotaje. La crisis eléctrica se agravó desde el verano de 2021 por falta de inversión en el sistema, deterioro de termoeléctricas sin mantenimiento y uso de crudo cubano para generar. Mientras las plantas se caían a pedazos, gran parte de la inversión de la última media década se destinó a hoteles de lujo golpeados por la caída del turismo.

Como salida, la empresa matancera ordenó recortar con 12 seccionadores los circuitos protegidos vinculados a hospitales para liberar 19 megavatios que antes no se desconectaban. Rodríguez Azpeitía prometió que los hospitales mantendrán el servicio y que esa energía se repartirá entre otros circuitos para reducir horas de apagón. La medida confirma la implicación final: sin transformadores, sin aceite y sin generación suficiente, la dictadura cubana reparte la escasez, castiga a los barrios conectados a servicios esenciales y culpa a las víctimas por intentar tener luz.

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