El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, firmó el viernes un decreto que elimina la legalidad de las apuestas por internet en todo el territorio nacional. La decisión entró en vigor de inmediato y sorprendió por su momento: faltan apenas nueve días para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el 4 de octubre.
Con esta medida, el veterano líder izquierdista golpea un sector que venía creciendo sin freno en los últimos años, tras décadas de veto. Las plataformas de apuestas online se multiplicaron en Brasil y con ellas llegó un aumento de las deudas familiares y de la ludopatía. Lula comparó el fenómeno con una enfermedad terminal: “Esto es como un cáncer: o extirpamos el tumor, o este tumor nos matará”, declaró al anunciar la prohibición.
El respaldo ciudadano a la medida es notable. Aproximadamente dos tercios de los brasileños apoyan la ilegalización, según sondeos difundidos en las últimas semanas. Ese dato no es menor en un año electoral: Lula parece haber calculado que el descontento contra las casas de apuestas puede traducirse en votos. La oposición, sin embargo, ya habla de “medida electoralista” y advierte que la prohibición podría empujar a los jugadores hacia el mercado negro, un terreno donde la regulación se vuelve imposible.
El impacto inmediato será profundo. Miles de brasileños que cada fin de semana apostaban en plataformas digitales enfrentarán a partir de ahora un fin de semana sin sus habituales apuestas. Los expertos anticipan que muchos experimentarán síntomas de abstinencia, no solo por la adrenalina del juego, sino porque para una parte de la población las apuestas se habían convertido en una fuente de ingresos desesperada en medio de la crisis económica. Las deudas acumuladas, en tanto, no desaparecen con el decreto: siguen ahí, como una losa que el gobierno promete abordar con programas de renegociación que aún no han sido detallados.
La prohibición también sacude a un sector empresarial que había invertido millones en publicidad y patrocinios deportivos. Varias plataformas internacionales operaban en Brasil bajo licencias otorgadas en los últimos años, y ahora ven truncada su actividad de un día para otro. Abogados especializados anticipan una lluvia de recursos judiciales, aunque el decreto presidencial les cierra la puerta a nuevas operaciones mientras se dirimen los amparos. El gobierno sostiene que la medida es constitucional y que prioriza la salud pública por encima de los intereses comerciales.
Con el tablero electoral tan ajustado, la prohibición de las apuestas online se convierte en un arma de doble filo. Lula apuesta a que el electorado castigará a quienes toleraron el avance del juego y premiará su mano dura. Flávio Bolsonaro, por su parte, intentará capitalizar el malestar de los apostadores y de los trabajadores del sector. A nueve días de la primera vuelta, Brasil asiste a un experimento político sin precedentes: prohibir el juego para intentar ganar la partida electoral.



