Donald Trump presenta las obras de la Casa Blanca como una obligación para conservar uno de los símbolos de Estados Unidos; Barack Obama, en cambio, las utiliza para cuestionar las prioridades del mandatario ante el encarecimiento de la vida. Esa diferencia desembocó este lunes en un intercambio de ataques personales entre el presidente republicano y su antecesor demócrata.
La disputa ocurre en plena recta final hacia los comicios de medio mandato del próximo 3 de noviembre. Trump habló con periodistas mientras viajaba a Misisipi para intervenir en un acto electoral, cuando las encuestas describen una situación favorable para los demócratas debido al malestar por el precio de la gasolina, el alto costo de vida y la impopular guerra de Irán.
Entre las modificaciones promovidas por Trump figuran un helipuerto ya construido, un espacio para bailes actualmente en obras y el pavimento colocado en el Jardín de las Rosas. El mandatario argumentó que la sede presidencial necesita mantenimiento adecuado y pintura por su relevancia como emblema del país.
Al responder a las críticas, Trump afirmó que Obama no es inteligente y sostuvo que únicamente alguien “estúpido” habría gobernado Estados Unidos como lo hizo el expresidente. También aseguró que la comparación de la decoración con un restaurante demostraba, según él, por qué el demócrata había sido un mal jefe de Estado.
La confrontación alcanzó además al secretario del Tesoro, Scott Bessent. Este lunes, el funcionario visitó un local de The Cheesecake Factory próximo a la sede presidencial, pidió una hamburguesa con queso y aprovechó la escena para lanzar sus propios reproches contra Obama.
Bessent comparó el Centro Presidencial Obama con la tumba de Darth Vader. El complejo, abierto durante el verano pasado en Chicago, ha estado rodeado de críticas relacionadas con su elevado precio y con una apariencia que sus detractores consideran poco atractiva.
Obama se ha involucrado intensamente en la campaña de aspirantes musulmanes y socialistas, una participación que contrasta con la de otros expresidentes demócratas. Sus intervenciones también han buscado vincular las decisiones de Trump con las preocupaciones económicas que pesan sobre los votantes antes de la renovación del Congreso.
El origen inmediato del choque estuvo en un mitin celebrado el sábado en Ohio. Allí, Obama se burló del predominio del dorado en la residencia presidencial y dijo que parecía una sucursal de The Cheesecake Factory abierta por el dictador iraquí Sadam Husein. Tras preguntar por qué había tanto oro, sostuvo que las reformas evidenciaban que Trump no estaba concentrado en reducir los precios.



