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Rusia golpea libros y escuelas para erosionar la identidad cultural de Ucrania

Ataques rusos destruyeron millones de ejemplares, dejaron a miles de escuelas sin textos para el nuevo currículo ucraniano y llevaron al borde de la quiebra a una de las mayores editoriales del país.

Rusia golpea libros y escuelas para erosionar la identidad cultural de Ucrania

Ucrania atraviesa una reforma educativa destinada a dejar atrás el modelo ruso que dominó sus aulas durante tres décadas. El nuevo currículo elimina la enseñanza de lengua, literatura e historia rusas y concede prioridad al patrimonio nacional y a los autores ucranianos, explicó Bohdana Laiuk, viceministra de Cultura.

La guerra también incorporó Defensa de Ucrania como materia obligatoria desde los 15 años. Los alumnos reciben formación básica sobre armas, drones, primeros auxilios y detección de desinformación. Autoridades y docentes aseguran que se busca enseñar supervivencia y pensamiento crítico, sin exaltar la vida castrense, a diferencia de Defensa de la Patria, impartida en Rusia desde los 6 años con énfasis en la obediencia estatal y el culto militar.

Ese esfuerzo institucional ocurre mientras la ofensiva rusa destruye la infraestructura cultural del país. Datos del Ministerio de Cultura ucraniano atribuyen a Rusia la destrucción de casi 230 bibliotecas desde el comienzo de la invasión, hace cuatro años, y daños en otras 680. Al inicio de la guerra, militares rusos quemaron al menos dos, entre ellas la biblioteca de la iglesia Petro Mohyla, en Mariúpol.

El pasado 1 de agosto, dos drones rusos alcanzaron con siete minutos de diferencia un almacén de Ranok en Járkov, una de las mayores editoriales ucranianas. Su propietario, Viktor Kruglov, se encontraba reunido con su equipo cuando la primera explosión provocó un incendio. Intentaron controlar las llamas y rescatar ejemplares hasta que llegó el segundo impacto. Nadie murió, pero ocho millones de libros quedaron destruidos.

La pérdida equivale al 20 por ciento de los libros impresos en Ucrania el año pasado y está valorada en 17,8 millones de euros. Ranok quedó cerca de la ruina. Kruglov sostiene que el doble ataque fue deliberado: afirmó que no existen instalaciones militares próximas al depósito y que enfrente funciona un hospital infantil.

Casi simultáneamente fueron golpeados una imprenta situada en las afueras de Kiev y el principal mercado de libros del país. En conjunto, ardieron 13 millones de ejemplares. En julio, otro almacén había perdido más de 15.000 libros reunidos por Book Aid International y PEN Ukraine para entregarlos a ciudadanos ucranianos.

El impacto educativo fue inmediato. En las instalaciones de Kruglov se destruyeron más de 620.000 textos escolares y otros ataques acabaron con 400.000 adicionales. La devastación de la imprenta de Kiev impidió producir a tiempo 1,3 millones de unidades antes del comienzo de las clases en septiembre. Laiuk calcula que unas 12.500 escuelas no disponen de los materiales requeridos por el nuevo programa.

Yulia Mandrenko, profesora de Ciencias de 33 años en la Escuela 15 de Vínnitsa, comenzó el curso sin libros para sus estudiantes. Aunque existen versiones digitales, advierte que los niños tienen mayores dificultades para concentrarse. Angela Ostapchuk, directora de 54 años de la Escuela 156 de Járkov, tampoco recibió puntualmente textos de Física, Química, Biología, Geografía y Literatura.

Imprentas extranjeras han producido parte del material faltante, pero Ostapchuk desconoce si podrá llegar a Járkov debido a los ataques constantes. En Zaporiyia, la biblioteca donde trabaja Katarina Dromashko ha sido alcanzada tres veces durante siete ataques contra una subestación cercana. Allí, un psicólogo infantil contratado durante la pandemia atiende a jóvenes afectados emocionalmente por las alarmas y bombardeos.

Las bibliotecas también enfrentan recortes locales por el traslado de recursos hacia las fuerzas armadas y los servicios de emergencia. Cerca de la mitad de sus fondos todavía procede de la era soviética, concluida en 1991, según la Asociación Ucraniana de Bibliotecas. Mientras Kruglov busca cómo cubrir las pérdidas, escuelas y docentes intentan conseguir ejemplares físicos y distribuir las reimpresiones para que los alumnos puedan seguir el nuevo currículo.

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