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Un instituto de la periferia de París encendió una protesta que terminó en disturbios y toques de queda

La movilización iniciada por carencias de personal y deterioro de las instalaciones en el Saint-Exupéry de Créteil se propagó a cientos de centros. La violencia posterior alcanzó varias ciudades francesas y provocó restricciones nocturnas.

Un instituto de la periferia de París encendió una protesta que terminó en disturbios y toques de queda

Exterior del Liceo Antoine de Saint-Exupéry, en la periferia de París. (AFP)

El calendario educativo francés abrió este lunes las vacaciones de otoño, una pausa institucional que redujo casi por completo las protestas estudiantiles registradas durante varias semanas. El instituto Antoine de Saint-Exupéry, ubicado en Créteil, permanecerá cerrado al menos hasta el 2 de noviembre, cuando está previsto el regreso a clases.

La crisis tiene como trasfondo las condiciones sociales de la periferia parisina. En Val-de-Marne, aproximadamente el 25 % de los habitantes son inmigrantes, principalmente de África y el Magreb, según el INSEE, equivalente francés del INE. La pobreza alcanzaba el 36 % en 2023. En la zona abundan las viviendas sociales y los vecinos concentran buena parte de su actividad alrededor de un gran centro comercial.

El malestar se hizo visible el jueves 17 de septiembre, cuando profesores del Saint-Exupéry fueron a huelga. Denunciaron aulas sobrecargadas, deterioro de las condiciones y ausencia de personal. Laurent Bessiere señaló ante una televisión francesa que faltaban docentes de Matemáticas, francés, historia y literatura, además de una enfermera y un trabajador social. Al comenzar el curso tampoco había subdirector y el plantel tenía 13 profesores menos.

Ese centro de Créteil terminó convertido en el punto de partida de una ola de protestas que se extendió por cientos de escuelas y universidades francesas. El instituto, construido en los años 90 y diseñado en su interior con forma de avión por inspiración de El Principito, atiende a más de 1.500 alumnos de entre 14 y 18 años. Desde allí, el descontento de la periferia avanzó hasta alcanzar sectores emblemáticos de París.

Angela, profesora de otro instituto de Val-de-Marne, aseguró que varios planteles padecen condiciones insalubres, reparaciones que nunca se ejecutan, filtraciones en los techos e incluso denuncias por presencia de ratas. Oumou y Dido, alumnas de 13 años del Saint-Exupéry —una de ellas próxima a cumplir 14—, explicaron que carecen de enfermeras y profesores sustitutos, y que las aulas sufren temperaturas extremas. Ambas defendieron las manifestaciones, pero rechazaron la destrucción. Rania, estudiante de otro centro, también cuestionó que se dañara el mismo mobiliario cuya mejora reclamaban.

La protesta pacífica derivó después en episodios violentos. El 23 de septiembre, seis días después de la huelga, un grupo de jóvenes comunicó por Snapchat su intención de “atacar” el instituto. Varios irrumpieron en el recinto y lanzaron morteros contra la sala común estudiantil, con saldo de dos heridos. Aunque inicialmente circuló la versión de que eran personas ajenas al plantel, las cámaras de seguridad mostraron que sí estudiaban allí.

En jornadas posteriores aparecieron barricadas hechas con contenedores de basura que bloquearon los accesos. Las convocatorias se difundieron por redes sociales y encontraron eco en centros periféricos con reclamos semejantes, entre ellos el Paul Éluard, en Seine-Saint-Denis. La combinación de segregación escolar, dificultades sociales y servicios públicos insuficientes desembocó en las escenas de vandalismo y destrucción del 17 de octubre.

Como consecuencia inmediata, los saqueos y disturbios llevaron al Gobierno francés a imponer desde este lunes toques de queda parciales en ciudades como París, Lyon, Marsella y Niza. Las autoridades ordenaron este martes una segunda noche consecutiva de restricciones, desde las 11 de la mañana hasta las seis de la mañana del miércoles, en la plaza de la República y el área comercial de Les Halles. Entre lunes y martes volvió la calma a la capital, después de los destrozos sufridos por numerosos comercios el sábado.

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