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Decenas de miles de jóvenes desbordan ciudades europeas y la noche termina en saqueos e incendios

Decenas de miles de personas salieron a las calles en Alemania y cientos de miles lo hicieron en Francia durante el sábado 31 de octubre, en una de las jornadas de movilización juvenil más concurridas de los últimos meses en Europa.

Decenas de miles de jóvenes desbordan ciudades europeas y la noche termina en saqueos e incendios

Ralf Hirschberger / AFP)."

Decenas de miles de personas salieron a las calles en Alemania y cientos de miles lo hicieron en Francia durante el sábado 31 de octubre, en una de las jornadas de movilización juvenil más concurridas de los últimos meses en Europa. Solo en territorio alemán la convocatoria reunió a multitudes en varias ciudades a la vez, mientras en Zúrich bastaron centenares de manifestantes para provocar incendios, cortes y un amplio despliegue policial. La magnitud revela que ya no se trata de focos aislados, sino de un descontento extendido que combina economía, educación y decisiones de gasto público.

Ese volumen de asistencia expresa, según los propios convocantes, una frustración acumulada por el encarecimiento de la vida, el deterioro de las escuelas y los recortes presupuestarios. Para miles de jóvenes, la sensación dominante es que su situación empeora mientras las prioridades de los gobiernos apuntan a otros rubros, incluido el aumento del gasto militar. Esa percepción de abandono ayuda a explicar por qué protestas llamadas a ser pacíficas escalaron con rapidez al caer la noche.

El episodio central ocurrió en Alemania, donde el movimiento GenZ regelt! llamó a manifestarse en distintos puntos del país. Durante el día las marchas avanzaron sin incidentes mayores, de acuerdo con reportes de la agencia AFP, pero al anochecer la tensión estalló en Fráncfort, Berlín, Colonia y Hamburgo. Grupos de jóvenes con el rostro cubierto se enfrentaron a los agentes, levantaron obstáculos y atacaron mobiliario urbano y locales.

Fráncfort concentró los choques más intensos. Allí se rompieron vidrieras y se registraron saqueos en tiendas, con lanzamiento de piedras, artefactos pirotécnicos y bombas incendiarias artesanales contra la fuerza pública. Los uniformados respondieron con cisternas de agua y gas pimienta y describieron lo sucedido como motines violentos, con varios policías lesionados. Entre los hechos más graves figuró el saqueo de un comercio de armas, tras el cual fue capturado un sospechoso al que le incautaron dos pistolas. El diario Bild reportó además robos en negocios de zapatillas deportivas y perfumería.

En Berlín se arrojaron botellas y huevos contra los cordones policiales, mientras en Hamburgo se incendiaron barricadas. Parte de las arengas apuntó directamente contra el canciller Friedrich Merz y reclamó un giro en la política económica. Los manifestantes también cuestionaron el incremento de la inversión en defensa y un plan de servicio voluntario que, a juicio de sus críticos, podría preparar el retorno del servicio militar obligatorio. La vocera del movimiento, Veronika Dinter, sostuvo que la situación de los jóvenes es precaria y que, pese a ello, continúan sin ser escuchados.

La agitación cruzó la frontera hacia Suiza, donde concentraciones no autorizadas terminaron en choques en Zúrich y Basilea. En Zúrich, centenares de personas bloquearon calles con contenedores y bicicletas, quemaron un automóvil y provocaron destrozos en establecimientos. La policía empleó cisternas y balas de goma para dispersar a la multitud y, según la radiotelevisión pública SRF, dos jóvenes quedaron detenidos. En Basilea, alrededor de 150 personas marcharon por el centro antes de que se encendieran barricadas y se alterara la circulación del transporte público.

Francia, por su parte, completó su tercer sábado seguido de movilizaciones contra la carestía, con participación masiva y disturbios puntuales. El patrón que emerge apunta a un malestar juvenil compartido en varios países, aunque con convocantes y reclamos diferentes en cada ciudad. Si los gobiernos no ofrecen respuestas visibles en poder adquisitivo, educación y empleo, estas jornadas podrían repetirse y endurecerse, con mayor costo en seguridad, comercio y estabilidad urbana.

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