La economía estadounidense conserva un ritmo de expansión calificado como fuerte, pero la inflación al consumidor llegó al 3,7% en septiembre, todavía lejos de la meta del 2%. Ese contraste marcó la decisión de la Reserva Federal sobre el rumbo inmediato de su política monetaria.
El organismo dejó su tasa de referencia en el intervalo de 3,75% a 4%. La medida evita, por ahora, un nuevo encarecimiento del crédito, aunque prolonga la cautela frente a unas presiones inflacionarias que el banco central no ha conseguido llevar a su objetivo de largo plazo durante más de cinco años.
La decisión obtuvo el apoyo de una amplia mayoría entre los 12 responsables monetarios. Hubo dos votos favorables a incrementar los tipos en un cuarto de punto: el de la gobernadora Lisa Cook, sometida a escrutinio federal por fraude hipotecario, y el de Beth Hammack, presidenta de la Reserva Federal de Cleveland.
Un aumento habría contribuido a moderar los precios mediante préstamos más costosos, con el riesgo paralelo de debilitar la actividad. En sentido contrario, reducir los tipos podría impulsar la economía, pero también intensificar la inflación. Los altos funcionarios de la Fed han señalado que no consideran urgente aplicar otra subida.
El Comité Federal de Mercado Abierto sostuvo que necesita observar información adicional antes de definir su próxima postura. Esa evaluación llega después de que, en septiembre, la institución elevara las tasas por primera vez en tres años. Según el comité, disponer de nuevos datos permitirá decidir qué política puede devolver oportunamente la inflación al 2%.
La pausa también deja espacio para medir la evolución del mercado laboral. El desempleo ha permanecido cerca del 4,2% durante el último año y la creación de puestos de trabajo se ha mantenido mayormente en cifras positivas, aunque concentrada en un número reducido de sectores.
Kevin Warsh, presidente del banco central, había declarado en Bangkok a comienzos de este mes que las condiciones económicas del país se habían ajustado, en términos generales, a las proyecciones de los encargados de la política monetaria. La Fed reiteró este miércoles que la actividad mantiene una expansión sólida.
En el origen de las presiones que condicionan esta disputa monetaria figura la peor inflación registrada en 50 años, atribuida al gobierno de Joe Biden. A ello se sumó el aumento de los precios energéticos provocado por la guerra contra el régimen terrorista de Irán, iniciada junto con Israel a finales de febrero.



