Venezuela registra 178 vuelos internacionales semanales en octubre, frente a 103 hace un año, pero el aumento de la conectividad todavía contrasta con las deficiencias que limitan la competitividad turística. Economistas sostienen que el país tiene una oportunidad concreta, aunque advierten que sus atractivos naturales no bastan para consolidar el sector.
La Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV) contabilizó 157 frecuencias internacionales por semana en mayo. Esa medición fue previa al doblete sísmico del 24 de junio, que ocasionó daños graves en Maiquetía, el principal aeropuerto venezolano. Actualmente operan 19 aerolíneas en el país y 11 de ellas son internacionales. Además, en abril se recuperó el enlace directo con Estados Unidos, interrumpido desde 2019.
Con esa recuperación como referencia, Asdrúbal Oliveros estima que los vuelos internacionales hacia Venezuela aumentarán 32% durante 2026. El director de Summa Consulting también indicó que la aviación nacional movilizó 2,2 millones de pasajeros en 2025. A su juicio, el turismo puede generar puestos de trabajo y favorecer el desarrollo regional, siempre que el potencial del territorio se traduzca en una oferta capaz de competir.
El nuevo escenario también está relacionado con la actividad petrolera y el retorno de capitales. Luis Vicente León señaló que ya existen numerosos contratos firmados en ese sector y que las compañías están comprometiendo recursos, trasladando equipos y contratando proveedores. A ello se suma, según explicó, el regreso del financiamiento y de inversionistas interesados no solo en vender, sino también en adquirir activos y producir dentro de Venezuela.
El director de Datanálisis considera que ese movimiento puede impulsar dos clases de visitantes. Por una parte, inversionistas, consultores y técnicos que requieren alojamiento, salones y otros servicios durante sus viajes laborales. Por otra, turistas provenientes de la diáspora, del mercado regional y del Caribe, junto con viajeros atraídos por la isla de Margarita, los espacios naturales y la historia reciente del país.
Para aprovechar esa demanda, Oliveros planteó como condiciones necesarias una mejor infraestructura, mayor conectividad, inversiones y servicios que funcionen de manera confiable. Su advertencia apunta a evitar que playas, montañas y paisajes sean confundidos con una ventaja competitiva ya consolidada: la demanda puede existir sin que el destino esté preparado para atenderla.
León añadió que las compañías petroleras podrían contribuir al relanzamiento turístico si sus programas de inversión social producen resultados duraderos en las regiones donde trabajan. Entre las posibilidades mencionó el desarrollo de rutas, posadas y procesos de formación que permitan extender los beneficios de la actividad económica hacia las comunidades.
La oportunidad aparece después de un largo período en el que el turismo fue evidente, pero quedó desaprovechado. León atribuyó parte de ese rezago a las crisis económica y eléctrica, que profundizaron los problemas del sector. En un plano más amplio, la actual reconexión ocurre tras años de aislamiento internacional derivados de la crisis política, origen del deterioro que ahora el país intenta dejar atrás.



