El sector financiero estadounidense mostró este martes la fortaleza de una economía impulsada por la inversión empresarial y el consumo de los hogares, con los resultados trimestrales de JPMorgan Chase, Goldman Sachs y Citigroup. Las tres entidades presentaron sus cifras entre matices que revelan tensiones internas en las propias compañías.
El caso más llamativo fue el de JPMorgan Chase, el banco más grande de Estados Unidos por volumen de activos. La entidad que dirige Jamie Dimon registró unas ganancias netas de 15.300 millones de dólares entre julio y septiembre, lo que supone un incremento del 6% respecto al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, la cifra quedó por debajo de los 15.850 millones que esperaban los analistas de FactSet, un desfase inusual en una compañía acostumbrada a superar las previsiones del mercado.
El origen de esa brecha hay que buscarlo en el lado de los costes. Los gastos operativos del banco se dispararon un 12% interanual, impulsados por un aumento de las compensaciones a los empleados, así como por un mayor desembolso en tecnología y marketing. A ello se sumó una reducción de ingresos de 658 millones de dólares en inversiones en valores. Pese a todo, la facturación del grupo creció un 8% hasta alcanzar los 50.200 millones de dólares, lo que permitió a Dimon calificar los resultados de "sólidos" y agradecer el respaldo de los clientes.
El consejero delegado de JPMorgan no ocultó su preocupación por el contexto macroeconómico. En su intervención ante los mercados, advirtió de la existencia de "grandes déficits fiscales, una inflación persistente, los elevados precios de los activos, el aumento de las tasas de interés y las condiciones geopolíticas". Aun así, reconoció que la economía estadounidense "siguió impulsada por una sólida inversión empresarial y un gasto continuo de los consumidores".
Goldman Sachs, por su parte, superó con holgura las estimaciones de los analistas. El beneficio neto del banco neoyorquino alcanzó los 5.100 millones de dólares en el tercer trimestre, un 33% más que en el mismo periodo de 2025, aunque un 20% por debajo de los resultados del segundo trimestre. Los ingresos ascendieron a 18.700 millones de dólares, lo que representa un avance del 23% interanual. Su consejero delegado, David Solomon, atribuyó estos números a la capacidad de la entidad para operar en "un entorno operativo complicado" y subrayó que, "a pesar de la complejidad y la incertidumbre actuales en el mundo, seguimos muy bien posicionados para continuar ofreciendo resultados a nuestros clientes".
Citigroup completó la jornada con un aumento del 40% en su ganancia neta, que se situó en 5.250 millones de dólares. La facturación del grupo creció un 8% interanual hasta los 23.850 millones. Estos resultados se ven favorecidos por un efecto comparativo: en el tercer trimestre de 2025, la entidad registró una depreciación de activos superior a los 700 millones de dólares vinculada a la venta del 25% del capital de su filial mexicana Banamex. La directora ejecutiva del grupo, Jane Fraser, destacó en un comunicado que se trata de la mejor cifra de facturación para un tercer trimestre en una década.
En conjunto, los resultados dibujan un panorama de beneficios al alza para la gran banca estadounidense, pero también dejan entrever los desafíos que afronta el sector: costes crecientes, incertidumbre geopolítica y una política monetaria que, lejos de relajarse, mantiene la presión sobre los balances. La capacidad de las entidades para gestionar ese equilibrio marcará el tono de los próximos trimestres.



