Los 2.833 delitos registrados por observadores independientes durante 2025, un 115% más que el año anterior, exponen la dimensión que ha tomado la violencia cotidiana en Cuba. De ese total, 1.536 fueron robos, una proporción que revela que el despojo ya marca la vida diaria bajo la dictadura cubana, incapaz de garantizar seguridad y de publicar cifras propias.
El dato no proviene de oficinas estatales, sino de denuncias públicas, prensa independiente y redes sociales sistematizadas por el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, porque la dictadura cubana no difunde estadísticas periódicas ni detalladas sobre criminalidad. Eso implica un subregistro enorme, pues muchas víctimas evitan denunciar por desconfianza, por miedo o por la certeza de que nunca recuperarán lo perdido.
El monitoreo de Cubalex sumó 314 episodios de violencia e inseguridad solo en agosto de 2026, incluidos 52 homicidios, además de atracos con cuchillos, machetes y armas de fuego y tiroteos en zonas residenciales. En Matanzas, el mismo observatorio ciudadano contó 155 robos en el primer semestre de 2026, por encima de los 143 reunidos en toda esa provincia durante 2025, con casas asaltadas, vehículos eléctricos sustraídos y teléfonos arrebatados.
En ese contexto de abandono se conoció el testimonio de una joven que narró en una grabación cómo fue interceptada a pocos metros de su vivienda y arrastrada por el cabello hasta un pasillo cercano. Según su relato, los atacantes, con el rostro tapado, la amenazaron de muerte para impedir que pidiera auxilio y luego le cortaron la melena y le quitaron el teléfono, la batería portátil y cuanto llevaba encima.
La víctima situó el ataque hace más de tres meses, alrededor de las ocho de la noche, cuando aún había claridad por el horario estacional, y precisó que había movimiento en la zona, por lo que no se trató de una calle solitaria de madrugada. Contó que había dejado crecer su pelo durante años y que, tras la agresión, pasó meses sin poder cortárselo, mientras en las imágenes previas a un nuevo corte se aprecia el daño.
El Código Penal castiga la tenencia y el tráfico ilegal de armas, pero los conteos ciudadanos describen asaltos con armas blancas y de fuego, robos en viviendas, hurtos de motos y triciclos eléctricos y agresiones a custodios, sin que existan cifras oficiales que permitan medir cuántos casos se investigan o terminan en condena. Quien la entrevistaba advirtió a las mujeres de cabello largo y pidió evitar salidas nocturnas, aunque la agredida aclaró que la luz del día no la protegió.
La respuesta de muchas familias es la autoprotección: en otro video viral, una mujer mostró ollas, palos y objetos apilados tras la puerta como alarma artesanal contra intrusos, señal de que bajo la dictadura cubana cuidar bienes básicos depende de cada hogar y de la ayuda vecinal. El relato de la joven, marcado por una violencia que une robo y humillación, confirma esa sensación de desamparo que los números apenas logran resumir.



