Unos 9.600 kilómetros separan a los votantes de Israel y Estados Unidos, pero las decisiones tomadas en ambas urnas están estrechamente conectadas. Mientras los israelíes eligieron este martes un nuevo Parlamento, los estadounidenses renovarán el Congreso el 3 de noviembre, en unas elecciones capaces de modificar la política hacia Irán, el apoyo a Israel y la economía mundial.
El vínculo también tiene una dimensión electoral directa. Republicanos en el Extranjero de Israel calcula que cerca de medio millón de israelíes con ciudadanía estadounidense pueden participar en los dos procesos. Su presidente, Marc Zell, estimó que desde Israel podrían enviarse 10.000 votos por correo para la disputada elección al Senado en Michigan, una cantidad potencialmente decisiva.
En Israel, Benjamin Netanyahu convirtió la amenaza iraní en un eje de campaña y planteó la posibilidad de otra ofensiva, además de formular señalamientos no demostrados sobre el programa nuclear de Teherán. Busca recuperar su imagen de dirigente enfocado en la seguridad, golpeada después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Donald Trump respaldó su reelección y afirmó que ambos debían “terminar pronto el trabajo”.
Sin embargo, versiones contradictorias sostienen que Trump frenó una operación israelí antes de las votaciones, preocupado por un repunte energético que recordara a los electores estadounidenses una guerra impopular. Medios israelíes consideran posible que Netanyahu actúe contra Irán como primer ministro interino y luego promueva un gobierno de unidad que garantice su permanencia.
Una derrota dejaría a Netanyahu expuesto a una investigación oficial por sus actuaciones previas al 7 de octubre y a nuevos procedimientos por acusaciones de corrupción. Gadi Eisenkot, exjefe militar y rival electoral, ya rechazó incorporarse a una eventual unidad nacional. Aunque también considera a Irán una amenaza existencial y respalda acciones militares, advirtió contra una escalada motivada por intereses políticos.
Después de las elecciones legislativas estadounidenses, Trump podría sentirse con mayor libertad para atacar. Un diplomático occidental señaló que entonces se concentraría en su legado. Algunos analistas creen que el deterioro económico provocado por la guerra y las sanciones podría estimular un levantamiento en Irán; otros juzgan esa expectativa como una estrategia fallida que todavía conserva partidarios en Washington.
La consecuencia más inmediata de otra ofensiva podría ser una represalia regional. Funcionarios iraníes han amenazado, pública y privadamente, con golpear aeropuertos, oleoductos, cables submarinos, plantas desalinizadoras, instalaciones energéticas, bases y buques estadounidenses. El canciller Abbas Araghchi advirtió que nuevos ataques pondrían en peligro a los civiles, a los países vecinos y a la economía global.
El costo de vida domina la campaña estadounidense, mientras los precios también presionan a los israelíes, junto con salarios bajos y un gasto militar creciente. Trump eliminó sanciones contra Rusia esperando abaratar el diésel y exigió concesiones a Ucrania, sin conseguir hasta ahora los resultados buscados. El senador republicano Thom Tillis cuestionó esa estrategia y pidió resolver el problema iraní en vez de favorecer a Vladimir Putin.
El respaldo bipartidista estadounidense a Israel también se ha fracturado. Abdul el Sayed, aspirante demócrata al Senado por Michigan, propone reducir la ayuda militar, mientras Brad Lander, candidato al Congreso por Nueva York, fue detenido brevemente durante una visita a Cisjordania en la que ayudó a palestinos a recoger aceitunas. Un Congreso con mayor control demócrata podría restringir fondos y asistencia, aunque Trump conservaría facultades ejecutivas y veto.
El origen inmediato de esta crisis se remonta a febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva aérea contra Irán. Pretendían destruir misiles balísticos, limitar su capacidad nuclear, debilitar a las milicias aliadas e incluso derribar al régimen de los ayatolás. La operación eliminó objetivos militares y parte de la cúpula iraní, pero no produjo el derrocamiento: Teherán respondió tomando el estrecho de Ormuz y el flujo energético que lo atraviesa. Desde entonces, el objetivo bélico pasó a ser la reapertura de esa ruta estratégica.



