Una ventaja de apenas cuatro escaños sostiene actualmente el control republicano de la Cámara de Representantes. En el Senado, el margen del partido de Donald Trump es de seis puestos, una diferencia que también podría quedar amenazada en los comicios legislativos previstos para el 3 de noviembre.
Esos márgenes explican el alcance del riesgo electoral: estarán en disputa los 435 asientos de la Cámara Baja y un tercio de los 100 correspondientes al Senado. Una pérdida cercana a diez distritos, como anticipa un legislador republicano, bastaría ampliamente para que los demócratas pasaran a controlar la Cámara de Representantes.
Ante ese escenario, altos responsables del Partido Republicano ya consideran en privado que conservar la Cámara Baja resulta prácticamente imposible, según informó Politico este miércoles. La prioridad interna habría pasado a ser la defensa del Senado, donde la formación todavía cree posible contener el avance de sus adversarios.
Cinco congresistas republicanos hablaron con Politico de manera anónima y coincidieron en que la batalla por la Cámara de Representantes está casi perdida. Uno sostuvo categóricamente que Trump no contribuye a mejorar la intención de voto y señaló que la tarea inmediata consiste en proteger la mayor cantidad posible de escaños del partido. Otro calculó que los demócratas podrían sumar alrededor de diez puestos.
El deterioro de la popularidad presidencial, asociado al mayor costo de vida y al malestar económico, ha empujado al partido hacia una operación para limitar daños. Trump registra niveles mínimos de respaldo en medio del encarecimiento de la vida y de la guerra contra Irán, factores que agravan un panorama ya desfavorable para los candidatos republicanos.
El presidente, sin embargo, está presentando la elección como una consulta sobre su propia gestión. Planea realizar una intensa serie de mítines en distintos estados hasta la jornada electoral para activar a sus seguidores. Las fuentes republicanas citadas consideran que esa fórmula no está generando los resultados que el partido esperaba.
La reorganización también alcanza el financiamiento. Los republicanos comenzaron a quitar respaldo económico a aspirantes de varios distritos competitivos de la Cámara Baja. Se prevé que la relación de candidaturas afectadas aumente, mientras los fondos son enviados a contiendas donde los conservadores mantienen mejores probabilidades de ganar.
La presión resulta particularmente fuerte en el Medio Oeste. El partido procura retener puestos senatoriales en Iowa, Nebraska y Kansas, estados que anteriormente eran vistos como territorios seguros para el trumpismo. CNN reportó a comienzos de esta semana que, a partir de las encuestas, los republicanos estaban entrando en una etapa orientada a contener pérdidas.
Una derrota en la Cámara reduciría de forma considerable el poder legislativo de Trump. Si el retroceso alcanzara también al Senado, los republicanos podrían perder además su capacidad para frenar propuestas demócratas. Por eso, la recta final no solo medirá la influencia electoral del presidente: definirá si su partido conserva alguna barrera institucional frente a una eventual mayoría demócrata en el Congreso.



