La amenaza de una confrontación más larga entre Estados Unidos y la dictadura teocrática de Irán abre un escenario de riesgo inmediato para millones de civiles, para las tropas desplegadas en la región y para las rutas por donde circula el petróleo que sostiene los mercados internacionales.
Un conflicto extendido implicaría nuevos lanzamientos de proyectiles, activación de grupos armados aliados de Teherán y mayor presión sobre Israel, sobre bases estadounidenses y sobre países vecinos que ya sufrieron el impacto de los intercambios anteriores.
La advertencia llega después de una campaña de bombardeos que deterioró de forma severa la infraestructura militar iraní y alteró el equilibrio de fuerzas, por lo que cualquier repetición de los combates tendría un costo humano y económico todavía mayor.
El detonante fue la declaración del vocero militar iraní Mohamad Akraminia, quien sostuvo que un futuro enfrentamiento superaría en extensión al previo y que el presidente estadounidense Donald Trump no podría imponer el calendario ni los términos de su cierre.
En la misma línea, el ministro de Defensa iraní, Mehrdad Akhlaghi, prometió una respuesta proporcional, decidida y contundente frente a cualquier operación nueva sobre suelo iraní, mientras Teherán reivindica los disparos de misiles y drones hacia varios puntos de la zona y el accionar de organizaciones apoyadas por la dictadura desde Líbano y Yemen.
Del lado estadounidense, Trump afirmó el sábado que las fuerzas de su país arrasaron gran parte del aparato bélico iraní y que restan por neutralizar uno o dos sitios, una tarea que, según sus palabras, podría ejecutarse en diez minutos tras la anulación de la capacidad atómica del adversario.
Esos comentarios aluden a la ofensiva combinada del 28 de febrero, cuando Washington y Tel Aviv golpearon instalaciones militares y estratégicas en Irán, acción en la cual murió el líder supremo de la dictadura, el ayatolá Alí Jamenei, y que dio paso a la represalia con proyectiles ordenada por Teherán.
Las amenazas de Akraminia y de Akhlaghi fueron difundidas por el canal oficial del Estado iraní como posición del aparato castrense, lo que confirma que la cúpula de la dictadura teocrática apuesta por sostener el pulso con Washington pese al quebranto sufrido en su estructura de mando.



