Decenas de miles de manifestantes en Alemania y cientos de miles en Francia pusieron en evidencia el tamaño del descontento juvenil que atraviesa Europa occidental. La magnitud de las concentraciones, repetidas durante tres fines de semana seguidos en territorio francés, muestra que el malestar ya no es un episodio aislado sino una ola sostenida que mezcla reclamos sociales con choques nocturnos contra las fuerzas de seguridad.
Detrás de esas cifras hay una generación que asegura vivir en condiciones cada vez más frágiles mientras sus demandas no obtienen respuesta. El encarecimiento de los productos básicos, el mal estado de los colegios y los ajustes en los presupuestos educativos aparecen como los motivos centrales de la indignación, a los que se suma el rechazo a un mayor desembolso en materia de defensa y a un esquema de alistamiento voluntario visto como antesala del retorno al cuartel obligatorio.
Ese trasfondo estalló el sábado 31 de octubre, cuando la convocatoria del colectivo GenZ regelt! llenó plazas y avenidas de varias urbes germanas. Durante las horas de luz, las marchas avanzaron sin incidentes graves en Fráncfort, Berlín, Colonia y Hamburgo, según despachos internacionales, pero al caer la noche grupos reducidos cambiaron por completo el panorama con ataques directos a comercios y a uniformados.
El punto más crítico se registró en Fráncfort, donde individuos con el rostro cubierto destrozaron escaparates y se llevaron mercancía de tiendas. Desde ese foco se arrojaron objetos contundentes, artefactos pirotécnicos y botellas incendiarias hacia los agentes, quienes contestaron con chorros de agua a presión y sustancias irritantes. La policía describió lo ocurrido como disturbios de extrema violencia y confirmó varios efectivos lesionados. En medio del caos, un local de venta de armamento fue violentado y un sospechoso fue capturado con dos pistolas en su poder. El diario Bild añadió que también hubo robos en negocios de zapatillas deportivas y perfumería.
En la capital alemana, los participantes lanzaron envases de vidrio y alimentos contra los cordones policiales, mientras en Hamburgo se erigieron bloqueos a los que se prendió fuego. Entre las arengas destacaron los reproches al jefe del gobierno federal, Friedrich Merz, y los pedidos de un giro en la conducción económica. La vocera del movimiento, Veronika Dinter, resumió el sentimiento con una frase: “La situación de los jóvenes es precaria y, aun así, siguen sin ser escuchados”.
La agitación cruzó la frontera hacia Suiza, donde concentraciones no permitidas derivaron en choques en Zúrich y Basilea. En Zúrich, centenares de personas armaron obstáculos con depósitos de basura y bicicletas, prendieron fuego a un automóvil y provocaron destrozos en locales. Los uniformados intervinieron con vehículos hidrantes y munición de goma para despejar la zona y arrestaron a dos adolescentes, de acuerdo con la emisora pública SRF. En Basilea, alrededor de 150 personas desfilaron por el casco central antes de que se encendieran bloqueos y se alterara la circulación del transporte colectivo.
En Francia, en tanto, se cumplió la tercera jornada sabatina seguida de movilización contra la carestía, con una asistencia masiva y solo focos puntuales de tensión. El conjunto de episodios confirma que el enojo generacional crece en paralelo en distintos países, aunque con convocantes y pliegos diferentes en cada ciudad. De mantenerse la falta de respuestas, advierten observadores, las protestas diurnas seguidas de violencia nocturna podrían convertirse en la pauta de los próximos fines de semana europeos.
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